Tiempo sin publicar. Es la época de los constipados, gripes, pediatras y frenadoles, lo que hace que el tiempo disponible sea escaso. Pero no me engaño, son excusas vacuas: cuando no hay nada que decir, lo mejor es no romper el silencio.

Con la ausencia del amigo Fer decidimos marchar a Talavera de la Reina el amigo José y yo para afotear sus ¿bellos? lugares junto a Jesús. A José, siendo charro, le habrá sabido a poco y todo. Eso si, las tapas con las cañitas no tienen rival, con la excepción de Granada, y retaré en singular duelo a quien diga lo contrario. He aquí las pruebas del delito.




En otro orden de cosas, y con motivo del primer aniversario de la peca, maquetamos y encargamos un álbum de prueba en Photobox. Anteriormente habíamos hecho algunos con Hofmann y Snappybook, pero esta vez queríamos variar, ya que a pesar de que el software que más nos gusta es el de Hofmann, personalmente detesto que sus páginas sean auténticos ladrillos de medio kilo el metro cuadrado.

La calidad de Photobox es excelente y los buenos resultados saltan a la vista (aunque los tonos salen algo oscurecidos en todas las fotos). Al menos en el formato álbum de lujo A4 (21×28) con papel ‘profesional’ de 230 gramos (+2,95 euros) y cubierta con relieve (+3 euros) es altamente recomendable, y aunque es de agradecer que se haga enteramente online, a nivel de software tiene alguna que otra carencia grave, como que no se puedan modificar las dimensiones de las cajas de texto, no poder usar plantillas de otros temas, o sobretodo, que no se puedan modificar imágenes, insertarlas o eliminarlas.
Finalmente, no creo que esos detalles tan técnicos molesten a los receptores del resto de las copias, aunque si espero que el papel sea lo suficientemente resistente a las babas, al menos a las mías, ya que estos álbumes tienen que durar muuuuchos años.