Ultimamente, entre elearning y elearning, documentación técnica y correos me daba la impresión que sólo tenía tiempo para leer temas de trabajo, pero me he puesto a repasar la lista de libros que he devorado (con placer) el último mes y medio y he quedado sorprendido.
El fin de de la infancia, de Arthur C. Clarke me ha parecido equilibrado, emotivo y desde luego muy en la línea del autor. Entretenido de principio a fin.
A vuestros cuerpos dispersos sin embargo me ha dejado un sabor amargo, creo que principalmente por desconocimiento: por un lado no sabía que la obra de Philip Jose Farmer en realidad era la primera parte de una saga de cinco volúmenes y por otro porque no me ha llegado a enganchar del todo.
Recuerdos del futuro está ahora en boca de muchos aficionados a la literatura de ciencia-ficción debido a que la serie Flashforward usa este libro como razón de ser -donde por cierto acaba cualquier parecido. Me ha gustado bastante, aunque a ratos se hace algo tedioso y el final resulta algo inconexo con el resto de la obra.
Pero sin duda, de los últimos libros que he leido los que me han deleitado han sido La carretera, de Cormac McCarthy y La Tierra permanece, de George R. Stewart. Los dos tienen en su sencillez narrativa un no-se-que que me llama poderosamente la atención, y unos personajes que logran que te inbuyas al máximo en la historia, al margen de que los escenarios post-apocalípticos son para mi los más atractivos del género.
Comencé el año fuerte, metiéndole mano a la saga de Rama de Clarke, Guerra Mundial Z de Max Brooks (toda una joya) y Pórtico de Pohl, y pienso que de aquí a final de año me pondré como objetivos mínimos terminar la saga de El mundo del río, de Farmer y Mundo Anillo de Larry Niven.
Queda tanto por leer, y tan poco tiempo libre. Lo cual me lleva indefectiblemente a preguntarme si compraré antes un ebook que un tablet o un smartphone de pantalla grande para poder aprovechar esos momentos en el tren. Leyendo, claro.