La evolución de una hija
Ayer me llegó un email memorable, de esos que son de una sinceridad tan brutal y tan desternillante que no me puedo resistir a hacerlo público.
[...] puedo parecer un poco coñazo, pero en el fondo, esto de darte la brasa lo hago por tu bien, como parte del entrenamiento al futuro (inminente) padre que vas a ser, porque (dios no lo quiera), me temo que (salvo que te salga como el hijo de de Cañas, que el padre debe descender de Ghandi…) te vas a cagar a partir de ahora….. primero, en la fase de col, va a llorar cada dos por tres, y eventualmente, atinarás con el motivo: comida, caca, sueño…. pero otras muchas veces no sabrás el porqué, y además, si le preguntas no te lo va a decir……. (a esto vete acostumbrando, porque como es mujer, el día de mañana tendrá más secretos que el reloj de James Bond).
Luego evolucionará a la fase de lechuga, que difiere de la de col en que gana movilidad y cierta expresividad (aún sin capacidad de comunicación verbal directa), y ahí, seguirá llorando, y además, tendrás que estar pendiente de que no se tire encima – se meta en la boca, todo lo que pille. Desde un punto de vista positivo, la ventaja es que no te va a hacer falta bici elíptica ni hostias en vinagre: vas a hacer tela de kilómetros siguiendo al bicho.
En un tercer estadio comienza a comunicarse con su entorno, eso sí, formando parte de lo que un señor que tú no conoces (envidia que me das) denominaría “buscadores de conocimiento”, quicirse que te va a preguntar por absolutamente todo. Así, llegados a este punto, si bien el tema de los lloros tendría que haberse mitigado sustancialmente, tendrás que preocuparte de 1.- perseguirla por donde vaya, ahora en posición bípeda y con mayor peligro, 2.- responder y/o inventarte una respuesta a todas sus preguntas, y ojito con lo que le cuentas, porque es en esta etapa de su vida en la que la información y experiencias que recibe influyen en mayor medida en la formación de su personalidad (yo conozco uno que le regalarón de pequeñín un ordenador y…..)
Existe una cuarta fase intermedia, denominada preadoslencia, en la que, parece ser, que la cosa está más calmada: el bicho ya es capaz de formular ideas complejas, tiene mayores inquietudes pero intenta resolverlas por sí mismo, y en general, gana en autosuficiencia (salvo económica, que para eso aún te quedará tela…)
Y, pasado el estadio anterior, llegamos a la adolescencia: y aquí es donde yo pago por verte lo que haga falta. Ahora es cuando empieza a salir, le llaman chicos a casa, y tú piensas que esos chicos son como eras tú cuando eras joven (que para entonces, lamento decirte, ya no lo serás).
Pero oye, que tampoco quiero yo quitarte la emoción de ir descubriendo todos esos pequeños placeres por ti mismo.
En cualquier caso quiero que sepas que, mi apoyo como hermano lo tendrás siempre, y como tío de la criatura, será un placer pasar a verla a vuestra casa, llevármela un día por ahí (con reintegro al domicilio en el mismo día), y si tu mujer me deja, incluso llevármela a hacer artes marciales (esto así entre tú y yo, me haría una ilusión bárbara -pero como la Ley de Murphy funciona, y además va a tener la madre que va a tener, seguro que no le gustan lo más mínimo-).